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¿Por qué amamos True Blood?

28 marzo, 2010
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Aunque la tercera temporada de True Blood no llegará hasta junio (en España tiene los derechos Cuatro, pero aún no hay fecha de emisión), en HBO llevan ya meses poniéndonos los colmillos largos con arrebatadoras promos de los nuevos contenidos. No es para menos. En términos de audiencia mira de tú a tú a Los Soprano, y eso son ya palabras mayores. ¿Pero qué tiene esta serie para engancharnos de esta manera?

True blood juega con la naturaleza maleable de la iconografía vampírica, que empezó asociada a la literatura victoriana y ahora es pura cultura pop. Los vampiros nunca han desaparecido del todo, tan sólo aguardaban su momento para adaptarse a los nuevos tiempos. En las añejas películas de terror de los años 30 de la Universal eran eliminados a golpe de estaca por aterrorizados campesinos, que querían preservar el orden social expulsando a los elementos no deseados. Los televisivos vampiros de True Blood caminan entre nosotros. Siguen temiendo la luz del día, pero han logrado calmar su ansia de sangre humana con una bebida viscosa y sintética, más próxima a la metadona que al placebo. Se les admite como mal necesario (su sangre excita la líbido como la viagra), pero se les desprecia.

Fuera ataúdes y ajos. La serie de HBO actualiza mitos y ritos, pero conserva el subtexto que siempre va asociado a la cultura vampírica. Su más ilustre precedente televisivo, Buffy, la cazavampiros era una metáfora de la inseguridad y ansiedad adolescente. True Blood amplía el campo a la era Bush, de tal manera que es difícil no verse representado por alguna de sus alegorías sociopolíticas: el rechazo a lo diferente y la discriminación sexual y religiosa, la religión entendida como elemento represivo, los desmanes del consumismo o la cultura política de castas.

Nos encanta pasarlo bien pasando miedo. True Blood se ha beneficiado de la fiebre vampírica que se desató hace años con la adaptación cinematográfica de Crepúsculo, pero en realidad es casi su antítesis. Edward y familia son vampiros inofensivos, aburridos y castos. Han aprendido a negar sus instintos para ser aceptados. Todo lo contrario de los chupasangres televisivos que pueblan la pequeña ciudad de Bon Temps, que se rigen por instintos más primarios. No sólo les encanta saltarse las barreras morales, sino que lo celebran con deliciosas perlas de humor negro. Las dos temporadas de la exitosa serie de HBO han estado bañadas de ultraviolencia y sangre, toneladas de sangre. Pero los vampiros de True Blood también han traído el sexo de vuelta a la pequeña pantalla, de una forma tan explícita y gráfica como no se ha visto en televisión en años, a no ser que uno sea aficionado a los canales de pago de los hoteles.

True Blood no sólo es mórbida y explícita. Es también un prodigio de serie. Es excesiva en las formas, pero juega sobre seguro. Su creador, Allan Ball, ya demostró en A dos metros bajo tierra que se conoce al dedillo las normas del serial televisivo, que entre otras lecciones exigen saber dosificar la acción para no aburrir al personal, pero también tener un buen reparto coral a mano para no desgastar la trama principal. Tan importante como la historia de amor entre la camarera con poderes telepáticos y el donjuanesco vampiro Bill Compton es el pequeño pueblo de Lousiana, puro gótico sureño, en que se desarrolla la acción; un microcosmos en permanente ebullición que resulta al menos tan atractivo como el Springfield de Los Simpson. Cuando acabe la temporada final de Perdidos seguirá habiendo vida en la televisión. Aunque sea después de la muerte

Varío y desvarío

18 marzo, 2010
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Señora de las alturas es una de las canciones más bonitas del nuevo disco de Los Planetas, Una ópera egipcia, que como ya sabrás se puede escuchar entero en streaming, comentarios de Julio Ruiz mediante.  El texto está basada en unas alegrías de Manuel Vallejo, Como loco variaba y reza así:

Como loco variaba.
Te apartaste de mi vera
y como loco variaba,
porque no me merecía
que el mal pago que me daba,
que y el mal pago que me daba
mientras tu te divertías.

No es manía ni es locura,
esto que hago por ti.
Que no es manía ni es locura,
que los mejores cirujanos,
que dicen que no tiene cura,
dicen que no tiene cura,
jay!, si no viene de tus manos.

Y nadie te da caló.
Si aborrecía te ves
y nadie te da caló,
que ven a mi y yo te daré
zumo de mi corazón.
Zumo de mi corazón,
de pedirle mi queré.
Que mandilón, mandilón,
que mandilón, mandilón,
que de cabeza cabeza
yo te meto en el pilón.

Manuel Vallejo – Y Como Loco Variaba

Y aquí está el texto en versión Los planetas:

Como loco desvariaba
te marchaste de mi lado
y como loco desvariaba
porque no me merecía
el modo en que me tratabas
mientras tu te divertías
me dejabas solo en casa

no es manía ni locura
esto que tengo contigo
no es manía ni locura
que los mejores doctores
no han encontrado la cura
que no venga de tu mano
señora de las alturas

si nadie te da calor
donde quiera que te arrimas
si nadie te da calor
vente que yo te daré
zumo de mi corazón
vente que yo te daré
zumo de mi corazón

si te quieres venir
puedo pasarme a buscarte
si te quedas conmigo
para que pueda contarte
lo mucho que te necesito
aunque creo que ya lo sabes
voy a volver a decirlo
que te quiero mas que nadie
que te sigo queriendo lo mismo
para que alivies mis males
señora de mis abismos

que por tu ventana sale
es tanta la claridad
que por tu ventana sale
que dice la vecindad
ya esta la luna en la calle

La puedes escuchar en directo en el concierto que el grupo ofreció hace poquito en el Palau de la Música (sobre el minuto 5:40)

El abanico de Buñuel

7 marzo, 2010
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Antes de acercarse al círculo surrealista, Luis Buñuel trabó relación con la mayor parte de los pintores españoles que trabajaban en París en el primer tercio del siglo pasado. Entre sus amistades más queridas se encontraban Joaquín Peinado y Hernando Viñés, cuya mujer Loulou le regaló uno de los objetos más emotivos que puedan imaginarse.

La abuela de Loulou regentaba un salón literario a finales del XIX, donde se reunían grandes escritores como Emile Zola y Mallarmé, escultores como Rodin y músicos como Gounod. Parte de ellos dejaron su firma escrita en un abanico, que Buñuel conservó hasta el final de sus días. Alphonse Daudet, por ejemplo, escribió: “Al subir hacia el norte, los ojos se afinan y se extinguen”.  Justo al lado, el escritor Edmond de Goncourt dejó impresas estas líneas: “Todo ser que no tenga en sí un fondo de amor apasionado por las mujeres, las flores, los objetos de arte, el vino o lo que sea, todo aquel que no tenga una veta un poco desquiciada, todo ser perfectamente equilibrado nunca, nunca, nunca poseerá talento literario”. En este mágico abanico también se pueden leer unos versos de Zola:

“Lo que yo quiero para mi reino

Es ante mi puerta un sendero verde

Cuna formada por un escaramujo

Tan largo como tres briznas de paja”

Destripando la blogotèque

5 marzo, 2010

Es bastante probable que a estas alturas ya hayas visto en Internet algunos vídeos de Animal Collective, Sufjan Stevens o Grand Archives rodados a pelo, en una toma y sin editar, y ambientados en sitios tan poco glamourosos como un ascensor. Seguramente también te suenen los nombres del realizador Vincent Moon y del empresario Chryde (responsables de La Blogotèque), las maravillosas cabezas pensantes que se encuentran detrás de esta nueva forma de reinventar el vídeo musical. Sus crudas creaciones funcionan por oposición directa a la hiperestilización del videoclip y a esos falsos vídeos en directo que en realidad están maqueados y editados hasta decir basta .

“Vincent Moon y La Blogotheque en general han sido los primeros en ‘sistematizarlo’, darle una serie de características reconocibles y promoverlo de una forma—la web—que ha animado a otros a seguir el ejemplo”. Así me lo explica el amigo Xurxo Martínez, responsable de un ensayo también pionero, académico e impecable sobre la blogotèque y el concepto de los take-away shows, que ha contado con la participación de los padres del invento.

Puedes leer el ensayo aquí ,y seguramente morirte de envidia a continuación con la crónica periodístico-sentimental que Elena Cabrera escribió en su blog después de pasarse un día entero con Vincent Moon.

Calentando motores

2 marzo, 2010

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